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Postergaciones

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  Hoy en día está de moda el término “procrastinar”. Aquellas obligaciones que aplazamos por el simple hecho de no poder hacerlas o porque no se nos dan las reverendas ganas. Valga cualquier de las acepciones. Me identifico con la segunda: no tengo ganas. No tengo ganas de producir, ni de ordenar nada. Más vale tengo ganas de que todo se vaya a la mierda. Sin embargo algo me detiene. Un filtro UV, un filtro SocialClub, un sentimiento, un cuidado, un amor por las cosas. Postergamos aquello que deseamos por un cuidado especial en la vida, para no caer en el egoísmo más acérrimo.  Un día me despierto con todo el ímpetu, me armo un mate amargo, me pongo esa ropa sucia, que ya no se puede presentar en sociedad, y me dirijo a la lista de las materias pendientes. Todas son actividades manuales: arreglar un foco, limpiar una pared, pintar un techo, poner un cuadrito, ordenar aquella habitación donde ya no se puede entrar, y tirar, sobre todo tirar aquello que ya no se va a usar. Desd...

Volveré / Soliloquio de la pensadera

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  Cuando la ansiedad toma mi cuerpo y no sé a donde escapar, me detengo y quedo estático. Simplemente muevo alguna de mis articulaciones de forma repetida para descomprimir el malestar, pero ya no corro más hacía ningún sitio. A lo sumo tomo alguna de las pastillas convenidas con la psiquiatra para calmar esa bestia que solemos tener dentro.    La ansiedad sobre todo aparece en la noche. Creo que es un acto reflejo de mi pasado. Ahora que no consumo nada, ahora que logré deshacerme de cada uno de los hábitos autodestructivos en lo que me encontraba, ahora que estoy limpio, sigue apareciendo la ansiedad como un síntoma que me dice qué camino debo tomar. La escucho. Es una parte mía, una constante que suele dominarme. Pero cada día me hago de las herramientas para ser yo quien domine la situación. Es como con la escritura, parece que se tranca la lectura pero algo en tu interior hace que sigas el hilo y vuelvas a detenerte en la percepción de tu vida, sin advertir de...

Migrar

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  Desde hace un tiempo lo único que hago es borrar lo que escribí, sin detenerme, en una vorágine desmesurada. Entonces, escritos de hace diez años archivados son sacados de su polvo de oscuridad y agonía para, en una lectura rápida, morir en lo que no fueron. Lo hago tanto en lo que está en papel como en lo que fui generando de manera digital. No temo, sino que lo busco. Está bien que esto suceda así, es necesario para que emerjan nuevos escritos. Algo en mí desea generar el espacio, como así también sentir el vacío de la nada para que en la pureza más absoluta, vuelva a reconstruirme con las letras. Frase a frase, párrafo a párrafo. Cuento a cuento. Libro a libro.   Para nacer antes hay que romper la bolsa donde fuimos engendrados, para morir antes hay que vivir. No hay mucho más misterio, por más que parezca lógico, cuando esto se advierte algo se revela. Pero cada quien debe hacer ese camino para darse cuenta de los pasos por donde anduvo.     Un d...

Gimnasio de ojos

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  Estamos a la vera de la ruta. Mi padre sostiene un cartel que dice “CÓRDOBA”. Estoy parado a su lado con mis ocho años. Tengo un ojo cubierto por un parche de gasa y encima están los anteojos. Todos los lunes, miércoles y viernes repetimos el mismo ritual. Hacemos dedo un primer tramo, de Río Tercero hasta Almafuerte. Luego nos paramos en el cruce, a la salida de una estación de servicio, y esperamos que alguien nos levante para hacer el otro segmento hasta Córdoba.   Solemos tener suerte. Mi padre conversa con un señor que nos lleva. Le comenta que estoy haciendo un tratamiento para mejorar mi vista. Me duermo una parte del camino. Sueño con plantas que hacen de mis ojos y veo a través de las ramas un verde claro de amanecer. Me despierto cuando estamos llegando a la capital. El bullicio del tránsito es abrumador. Me agarro fuerte de la mano de mi padre. Desde abajo observo su bigote tupido, sus ojos claros. Él me mira y sonríe guiñándome un ojo. Me dice de avanzar, e...

Duermevelas

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       Desde que comencé a anotar los sueños, apenas me levanto casi en duermevela, me percibo escribiendo lo que soñé o pienso dormido lo que voy a escribir cuando me despierte. Esta sucesión me permite localizar materiales que están en mí, como también unir ese mundo interno, que muchas veces logró en la noche en un estado de vigilia, con la percepción abierta de los sentidos. He descubierto en este último tiempo, que más allá de los momentos de conexión con la escritura, donde la lapicera fluye como poseída, hay un instante crucial: con los sueños los cuentos se escriben solos. Luego, es verdad, tienen que ser corregidos, pensadas las líneas de acción, la lógica de los personajes, poder mirar desde arriba y con ojos extrañados lo que está escrito. Estos sueños son núcleos mínimos, que en sí no contienen mucha información, y que a la vez me resultan lejanos o cualquier conexión que hagan con mi presente terminan siendo ajenos. H ay días que no anoto los sueños, ...

Hervido

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       Lleno media olla con agua y tiro unos pedazos de pollo a hervir. Me quedo mirando las presas flotando en el agua grasienta, mientras me armo un cigarro. Fumo. El vapor va tomando el ambiente. Siento el olor de la carne en las manos. Con el cigarro me quita el apetito. Apago el fuego y dejo la comida a medio hacer. Me acuesto.      Despierto a mitad de la tarde. Me armo un mate. Me siento en la silla enfrente del escritorio. Miro por la ventana el patio alejado. El domingo se consume sin otro propósito que dejar pasar el tiempo. Estoy parado escupiendo pensamientos por el marco frío, anidando una masa gris de llovizna. ¿Cuándo saldré de aquí? ¿Cuándo podré escaparme de mí para encontrar lo que no estoy buscando? Ahora sigo, en un encierro premeditado, sin necesidad de salir al exterior, mirando por la ventana que me tienta a saltar, pero afuera está la altura. Me asomo. Fumo y me leo en un cuaderno. Leo los viajes que aún estoy transitando. Quizá...

Un rayito de nieblaluz

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Rompo el cascarón. Despierto al mundo. Aparezco en una esquina de Montevideo. Me materializo en la ciudad y camino. Mi único objetivo será caminar y ver, en un primer momento, como mi cuerpo, nuestros cuerpos, son seres de pura química. Necesito caminar para segregar endorfinas. Cuando no se sabe qué hacer  la respuesta es hacer ejercicio físico. Es la primera idea que debe venir.  En vez de tirarte de vago en una silla a tomar mates, mejor salí a caminar. Aunque el día no acompañe, aunque el clima sea adverso, salí igual. No te quedes encerrado. Me presento, soy Jorge Saeta, vengo de la conjunción de un espíritu que no sabe qué hacer consigo mismo y de la libertad creativa de una persona que no termina de madurar. De esa tensión nace cada una de mis palabras. Mi objetivo es cronicar mis andanzas por los tres inviernos seguidos que voy a vivir, en lo que llamé Aguafuertes invernales. Esta es la primera. Entonces comienzo.  Mi ánimo es lluvioso y lo empapo de movimiento. N...